Agua segura para Mina Argoya: un proyecto urgente que nace desde la comunidad
En el caserío Mina Argoya, perteneciente al corregimiento La Paz, en el municipio de Santa Rosa del Sur, el acceso al agua potable no es una garantía.
En los últimos meses, se han presentado casos preocupantes de niños intoxicados, asociados al consumo de agua contaminada, incluyendo presencia de bacterias como E. coli, un indicador claro de contaminación fecal y riesgo sanitario.
Esta situación no solo afecta la salud, sino también la calidad de vida de toda la comunidad.
Frente a esta realidad, la Fundación Esperanza de Vida Nueva, en articulación directa con la comunidad —que ya inició labores de limpieza y aplanamiento del terreno—, ha estructurado un proyecto para la construcción de un acueducto comunitario que garantice agua segura y sostenible.
El problema: agua contaminada y riesgo para la vida
El acceso al agua potable es un derecho humano fundamental. Sin embargo, en muchas zonas rurales de Colombia, este derecho sigue siendo una deuda pendiente.
Organizaciones como UNICEF han señalado que el acceso a agua segura reduce significativamente enfermedades prevenibles, especialmente en niños, incluyendo infecciones gastrointestinales causadas por bacterias como E. coli.
Cuando el agua no es tratada adecuadamente:
- Aumentan los casos de diarrea y desnutrición infantil.
- Se incrementa el riesgo de enfermedades infecciosas.
- Se afecta la asistencia escolar y el desarrollo infantil.
Lo que hoy ocurre en Mina Argoya no es aislado: es una realidad que viven múltiples comunidades rurales del país.
La solución: acueductos comunitarios que sí funcionan
En Colombia, los acueductos comunitarios han demostrado ser una de las soluciones más efectivas para garantizar acceso al agua en zonas rurales.
Estudios de la Escuela Superior de Administración Pública evidencian que estos sistemas no solo resuelven el acceso al agua, sino que fortalecen la organización social y la sostenibilidad del recurso.
Casos concretos lo demuestran:
- En el departamento de Caldas, más de 403 acueductos comunitarios abastecen a 38.398 hogares rurales, garantizando agua potable y fortaleciendo el tejido social.
- En municipios del Valle del Cauca, comunidades han liderado durante más de dos décadas procesos organizativos que hoy son ejemplo nacional de gestión del agua.
- A nivel nacional, se estima que más de 9 millones de personas dependen de acueductos comunitarios para su abastecimiento de agua.
Estos datos son claros: cuando la comunidad lidera y se acompaña adecuadamente, los proyectos funcionan.
Un proyecto que ya empezó
A diferencia de muchas iniciativas que se quedan en el papel, en Mina Argoya el proceso ya está en marcha.
La comunidad:
- Ha organizado el terreno.
- Ha iniciado labores de limpieza.
- Ha demostrado compromiso real con el proyecto.
Y la Fundación Esperanza de Vida Nueva ha asumido el rol de articulador y ejecutor, consolidando una propuesta técnica y social que permita construir un acueducto comunitario funcional, sostenible y seguro.
Este no es solo un proyecto de infraestructura.
Es un proyecto de vida.
Así se proyecta el acueducto
La imagen proyectada del acueducto refleja una infraestructura básica pero esencial: un sistema organizado de captación, almacenamiento y distribución de agua, diseñado para responder a las condiciones del territorio.
Un espacio limpio, estructurado, con materiales adecuados y pensado para garantizar:
- Agua segura para consumo humano.
- Reducción de enfermedades.
- Sostenibilidad en el tiempo.
Es la diferencia entre consumir agua contaminada… y acceder a un derecho fundamental.
Un mensaje desde el territorio
A continuación, te invitamos a ver el mensaje del presidente de la Fundación Esperanza de Vida Nueva, quien desde el territorio explica la urgencia de este proyecto y por qué el acceso al agua potable no puede seguir esperando:
Su mensaje es claro: cuando una comunidad no tiene agua segura, todo se detiene.
Una reflexión final
En Colombia, los acueductos comunitarios han demostrado que sí es posible transformar realidades desde lo local, con organización, compromiso y acompañamiento adecuado.
Mina Argoya ya dio el primer paso.
La comunidad ya empezó.
La Fundación ya está lista.
Ahora, falta lo más importante: el apoyo para hacerlo realidad.
Apoyar este proyecto no es solo construir un acueducto.
Es garantizar salud, dignidad y futuro para toda una comunidad.


