Una cancha entregada a medias: la historia que se repite en el Sur de Bolívar
En el corregimiento de Mina Argoya, perteneciente a San Pedro Frío, en el municipio de Santa Rosa del Sur, hay una cancha que representa tanto una ilusión como una denuncia.
A simple vista, parece una obra terminada: una placa de concreto, tableros y un espacio que intenta ser escenario deportivo. Pero basta observar con detenimiento para entender la realidad: no hay cerramiento, no hay protección, no hay garantías de durabilidad.
Es una obra entregada a medias.
Y como muchas en Colombia, está condenada al deterioro.
Una obra sin terminar… y sin futuro
La imagen actual lo dice todo: una cancha expuesta, rodeada de tierra, sin ningún tipo de encerramiento. En un territorio de clima variable y suelos inestables, esto tiene una consecuencia inevitable: en poco tiempo, el polvo, el barro y la erosión cubrirán el escenario.
Lo que hoy es concreto, mañana será tierra.
Y lo más grave: dejará de ser útil para los niños.
Esta situación no es un caso aislado. Según la Contraloría General de la República, miles de obras públicas en el país presentan problemas de ejecución, abandono o entrega incompleta. En múltiples informes se ha señalado que una parte significativa de los recursos públicos se pierde o no logra el impacto esperado por fallas en la planeación y supervisión.
Asimismo, el Departamento Nacional de Planeación ha identificado que numerosos proyectos de infraestructura social en zonas rurales quedan inconclusos o no cumplen con condiciones básicas para su sostenibilidad.
Lo que ocurre en Mina Argoya no es la excepción: es el reflejo de un problema estructural.
Cuando se construye sin terminar, se desperdicia todo
Una cancha sin cerramiento no es una cancha funcional.
- Se deteriora más rápido.
- No garantiza seguridad para los niños.
- Limita su uso comunitario.
- Desincentiva el cuidado del espacio.
En otras palabras: se invierte, pero no se transforma.
Y en territorios como la Serranía de San Lucas, donde cada recurso cuenta, esto tiene un impacto aún más profundo.
Un proyecto que nace desde la comunidad
Frente a esta realidad, la respuesta no ha venido desde las instituciones, sino desde la gente.
Este proyecto no es impuesto.
No es improvisado.
Es propuesto por la comunidad.
Los habitantes de Mina Argoya han identificado la necesidad y han solicitado que la Fundación Esperanza de Vida Nueva sea quien ejecute la culminación de este escenario deportivo.
Una vez más:
👉 Es un proyecto propuesto por la comunidad.
👉 Es un proyecto pensado por la comunidad.
👉 Es un proyecto que la comunidad quiere ver hecho realidad.
Y la Fundación ha decidido escuchar.
De lo que es… a lo que puede ser
Las imágenes hablan por sí solas.
Hoy:
Una cancha expuesta, vulnerable, sin protección, destinada al deterioro.
Mañana (como se proyecta):
Un escenario deportivo completo, con cerramiento, infraestructura adecuada, espacios complementarios y condiciones dignas para el deporte.
No es un lujo.
Es lo mínimo necesario para que la inversión tenga sentido.
Un mensaje desde el territorio
A continuación, te invitamos a ver el testimonio del presidente de la Fundación Esperanza de Vida Nueva, quien desde el lugar explica la urgencia de este proyecto y por qué terminar esta obra es una necesidad inmediata:
En sus palabras queda claro: no se trata de construir desde cero, sino de evitar que lo poco que se hizo se pierda por completo.
Una reflexión necesaria

Colombia no necesita más obras a medias.
Necesita proyectos bien hechos.
Pensados para durar.
Diseñados para transformar.
La diferencia entre la cancha actual y la que se proyecta no es solo infraestructura. Es dignidad.
Es la diferencia entre un espacio que se pierde… y uno que construye futuro.
La invitación
Este proyecto, propuesto por la comunidad y liderado por la Fundación Esperanza de Vida Nueva, busca terminar lo que otros dejaron incompleto.
Pero necesita apoyo.
Hoy puedes ser parte de la solución.
Puedes ayudar a que esta cancha no se pierda.
Puedes convertir una mala inversión en una verdadera oportunidad.
Dona. Comparte. Apoya.
Porque cuando una comunidad se organiza y propone, lo mínimo que merece es que su proyecto se haga realidad.



